El latido del tiempo: 50 años formando corazones

Valoración de los usuarios: / 2
PobreEl mejor 
colegio_logo.jpgLa vida transcurre, es un proceso imparable y caprichoso de sentimientos. Cada etapa que vamos superando nos deja un poso propio y característico formado con las experiencias vividas, un legado vital que queda cubierto por su propia huella en la siguiente etapa. Así vamos acumulando estratos de sedimentos como si del fondo del mar se tratara. Una capa sobre otra. Y abajo del todo las primeras etapas de la vida.

Pero de vez en cuando, un detalle cotidiano, un olor, un sonido, el timbre de una voz, o algún acontecimiento extraordinario, produce un pequeño movimiento de los bajos fondos de nuestros recuerdos y las vivencias de las capas más profundas afloran con la misma fuerza que cuando sedimentaron. Y cuando esos movimientos de nuestros adentros son compartidos a la vez por cientos de personas, el fenómeno toma dimensiones de seísmo emocional, un terremoto de recuerdos capaz de proyectar los mejores y más intensos sentimientos y, como no, de movilizar la voluntad colectiva.

Y eso es lo que está ocurriendo en Huelva; la tormenta del cincuentenario de un colegio ha devuelto a la superficie los recuerdos colectivos de cincuenta generaciones de antiguos alumnos que hoy por hoy se emocionan al unísono en un reencuentro que ha esperado, en algunos casos, más de 40 años. Pero lo mejor está por llegar.

colegio.jpg  colegio_1.jpg

El colegio Cardenal Spínola de Huelva, dirigido por la Congregación de Esclavas del Divino Corazón, es el epicentro de este particular terremoto. Los antiguos alumnos que se han educado allí se han dado cita por cientos en la Red de Redes, dando buena cuenta de la inmensa capacidad de interrelación social de Internet. La distancia entre ellos ya no es impedimento alguno, y en las plataformas sociales intercambian fotos, videos, recuerdos, direcciones, saludos emocionados, nombres de compañeros y compañeras, de antiguos profesores, de religiosas que marcaron sus vidas… Obras de teatro que representaron, travesuras escolares que les costó algún que otro disgusto, frases inolvidables de sus educadores, emociones de pubertad… todo se cuenta, todo se comparte, y todo sirve para remover las capas sedimentadas de los recuerdos, con tal fuerza que se reviven instantes pasados con los cinco sentidos. Y ahí radica el éxito de la convocatoria ¿quién no desea volver?.

colegio_2.jpg colegio_3.jpg 

De momento el reencuentro ha sido virtual, matizado por la pseudointerpretación que se apodera de todos nosotros escribiendo comentarios, posteando en Internet. Mayúsculas sin control, signos de exclamación repetidos hasta el infinito, onomatopeyas imposibles para intentar expresar apenas una mínima parte de todo lo que están sintiendo, de todo lo que están reviviendo. Y aún les queda lo mejor: el encuentro físico, el contacto real, ese esperado abrazo que en muchos casos será efímero, pero que en otros perdurará, y sólo por eso merece la pena el terremoto que ha llevado a tanta gente a quedar en el mismo sitio y a la misma hora un 24 de abril. Será un día histórico.

Lo que empezó como una idea loca de una loca mujer, incapaz de pensar en un límite emocional porque ella no los tiene, se ha hecho realidad. Su propio espíritu es el espíritu de este encuentro, lo que a todos ellos les gusta llamar el espíritu Spínola, apellido del fundador de esta Congregación de Religiosas entregadas en cuerpo y alma a la educación más completa e integral que se pueda imaginar, la educación de personas en toda la dimensión de esa palabra. Y ese espíritu Spínola está haciendo estragos.

 Su lema: 50 años formando corazones. Su ritmo: el latido del tiempo.